lunes, mayo 19

La noche

La noche huele distinta al resto del día. Es un olor dulce, que se puede saborear como un comienzo. Quizá es que las calles están desiertas, que los cuerpos sucios no enturbian el ambiente o que las voces no rompen el aire. Hoy he visto una pelusa estática flotando, y nadie la movía, parecía un fantasma, un milagro. Eso es la noche. El aire es ligero, y baila en los cabellos. Es curioso como solo podemos entender ese olor en la noche. Como si no existieramos el resto del tiempo. Como si el mundo de pronto exhalara su vida sobre nosotros.

Es fascinante el mundo en un día. La luz que aparece, llega a su máximo esplendor y se va diluyendo en silencio. Exactamente igual que una vida, igual que un puñado de sentimientos, que un beso, o que una ola. Todo tiene el mismo mecanismo y sin embargo, siempre parece que es todo distinto. Y la noche huele a una mezcla de final y principio. La madrugada y la vida.

Quizá por eso tenga esa esencia reveladora, que parece que nos descubre un poco a nosotros mismos. Yo siempre preferí la noche y creo que eso me define más que mi color favorito. La noche es la opción sencilla, la que no tienes que luchar, la que puedes pasar consciente o de puntillas, la que puedes soñar o amar o lamentar. La que te trae tus pensamientos como un beso y te arropa despacio. La noche es tu madre protegiendote, y son los monstruos esperandote. La noche es esa pelusa, que se queda quieta y parece que te susurra que en realidad nada existe.


No hay comentarios:

Publicar un comentario