Creemos que vamos a algún lugar pero no es así. Todo es un sin sentido en el que no hay direcciones. Todo es infinito, un infinito del que nos apoderamos, el que acotamos y llamamos nuestro. La multitud camina convencida de su destino, convencidos de que podemos comprender el mundo y la vida, con esas leyes físicas y psicológicas, esa cultura que nos dice cómo hay que vivir y aquella ética que se atreve a juzgarnos. Pensamos, yo soy bueno, trabajo, estudio y cumplo con mi deber. Y así somos felices. Necesitamos un sentido aunque en el fondo de nuestro ser sepamos que la vida es un todo indescifrable. Porque si volvemos al inicio de los tiempos y pensamos ¿entonces por qué vivo? ¿por qué soy? Si de pronto nos damos cuenta de que no hay una respuesta a esa pregunta, qué sería de nuestras vidas. En mi opinión, seríamos libres.
No hay comentarios:
Publicar un comentario