Primero
resolvimos
el misterio de la niebla
que despejamos con la x que multiplicaba
nuestros nombres en el espejo
y nos creímos invencibles
entonces,
revolvimos
nuestros cuerpos y nos disfrazamos
con los restos de vacíos
que nos quedaban
después,
recogimos
las madrugadas que tirabas
por el suelo
y que yo usaba de trinchera
mientras te clavaba la lluvia en los ojos
Desesperados,
removimos
los muebles que no nos dejaban
espacio para bailar
re-mordimos
los polvos que se dejaban caer
re-morimos
en cada humo que camuflaba
los arañazos en la puerta
por fin,
re-trocedimos
al recordar que no eramos invencibles
sino imbéciles
No hay comentarios:
Publicar un comentario